REFLEXIONES SOBRE EL JARDÍN II

Encuentro con un paisajista.



Pensemos por un momento que soy un ciudadano que no tiene ninguna relación con la jardinería. Acaban de entregarme mi nueva casa y a su alrededor se extiende un espacio desolado, escombros y una tierra aparentemente baldía. Me invade el desasosiego, ¿cómo hacer de este páramo un jardín?

Lo primero que me cuestiono es si no me habré equivocado. Optamos por comprarnos una casa en vez de un piso precisamente por la posibilidad de tener un bonito jardín, y ahora se convierte en el mayor de mis -muchos- problemas. Por mucho que lo miro no avanzo nada, sigo viendo hierbajos y una tierra con aspecto de cemento, por no pararme a considerar todos esos restos de basura que han ido abandonando mientras hacían la obra. Bueno, quizás lo primero que debería hacer es pedir que lo limpien, pero seguiríamos igual, ¿y el jardín?

En este momento tomo conciencia de las pocas referencias que tengo en cuanto a jardinería. Sí, me gustan los rosales y ese árbol que parece un pino pero que no se llama así. También sé que alrededor de la piscina me gustaría tener césped, pero me han dicho que el mantenimiento es muy caro, o ¿era que en verano está prohibido regar? No lo sé, no recuerdo. Hablando de piscinas, ¿habrá una moda en esto? A mí me gustan las que tienen forma de riñón, como la de mis tíos en mi infancia. ¿Y un cenador? sería agradable en las noches de verano disponer de él, pero quizás para este tipo de casa tan moderna sea un poco pretencioso.

¡Ah, cuántas preguntas de difícil respuesta! Pero espera, ¿no me comentó el decorador que nos está ayudando con la casa, que existen unos profesionales de la jardinería que se llaman paisajistas? Le pediré más información.

Hecho, tengo enfrente al paisajista que me han recomendado y ha comenzado a hacerme preguntas bastante extrañas. Cuántos somos de familia, hay niños o ancianos, qué tipo de vida hacemos, si somos o no caseros, que si acostumbramos a recibir, me pregunta también si tengo perro o intención de tenerlo. Al cabo de un rato, viendo nuestras caras extrañadas explica el porqué de las preguntas. A partir de ellas debe concluir cuáles son nuestras necesidades reales, además de nuestros gustos. De pronto pregunta que en qué fechas solemos ir de vacaciones, explica más tarde que es esencial saberlo para planificar la época de floración más fuerte del jardín. No tendría mucho sentido que el momento de máximo esplendor del mismo nos pillara de vacaciones, lejos de casa.

Después comienza a hablar de jardinería. Esboza algunas alternativas, muy generales, y nos pregunta por nuestras preferencias, la verdad es que nos quedamos un poco parados, pero poco a poco él va conduciéndonos con sus preguntas y vamos acotando el abanico de posibilidades. Llega un momento en que parece como si siempre hubiéramos tenido claro el tipo de jardín que queríamos. Es entonces cuando hablamos de las condiciones económicas de su trabajo, y nos emplaza para la siguiente reunión en la que nos presentará un anteproyecto del jardín.

Sí, también nosotros nos preguntamos y le preguntamos a él qué era un anteproyecto; esta fue su respuesta: “Es un bosquejo del jardín, a grandes rasgos, sin especificar especies vegetales, ni materiales de construcción. Está lo suficientemente definido para que un profano pueda hacerse una idea clara de cómo va a ser dicho jardín. A partir de él, sabremos si vamos bien encaminados y si realmente mi idea responde a lo que vosotros esperáis”. También nos explicó que es a partir de ese momento cuando el encargo del proyecto se hace oficial, todos los pasos que se dan a partir de entonces, tienen contraprestaciones económicas, por un lado los honorarios de proyecto, y por otro los correspondientes a la dirección de obra.

Bueno, aquí estamos a la espera, hoy es el día de la primera presentación y estamos un poco nerviosos. A la hora convenida el paisajista aparece cargado de libros, y despliega ante nosotros un plano, la verdad es que en el primer momento no conseguimos ver gran cosa, pero poco a poco nos lo va explicando, y aparecen ante nosotros caminos, rincones umbríos, grandes árboles, un pequeño lago con un río que se precipita por una cascada, un bosquete, una piscina de forma geométrica en una ubicación que nunca se nos hubiera ocurrido e incluso un pequeño huerto. Después nos enseña en los libros que trajo consigo fotos de plantas y árboles que considera adecuados, con nombres extrañísimos y da por terminada su exposición. Es entonces cuando, nos damos cuenta de que por un rato hemos estado soñando. Hacemos algunas indicaciones de cosas que echamos en falta y se va, prometiendo que pronto tendrá preparado el proyecto definitivo. Bueno, ya sólo nos queda esperar.




Jaime Juanes.
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