ENTREVISTA CON UN PAISAJISTA


Los paisajistas son arquitectos de la naturaleza, jardineros técnicos que disfrutan diseñando, modelando, armonizando y planificando los espacios que trabajan. Estos intérpretes del espacio han hecho de su hobby un arte, una hermosa profesión que fusiona naturaleza, diseño y estética.

¿Por qué elegiste trabajar como paisajista? ¿Fue por vocación?
Sí, por supuesto fue una elección vocacional, aunque tengo que reconocer que todo comenzó como un juego. Siendo bastante niño, construí mi primer jardín en el que incluí un pequeño estanque al que llevé a vivir a un galápago que había capturado en vacaciones. Fue entonces cuando descubrí la magia de crear un paisaje, por pequeño que sea, aunque es probable que en aquel momento no lo viviera de esta manera.

Si miro hacia atrás, mis recuerdos en cuanto a qué quería ser de mayor son confusos pero todos están relacionados con la naturaleza. Unas veces quería ser naturalista para parecerme a Rodríguez de la Fuente, otras veces veterinario para vivir en el campo y ocuparme de las vacas, animales que aún hoy adoro, y en otras ocasiones deseaba diseñar jardines.

Por otro lado, nací en una familia con inquietudes artísticas, y recibí de forma natural una educación donde el estímulo de la creatividad era constante. Tuve grandes mentores; estudié escultura con el Maestro Macías, dibujo y pintura con el gran Alejandro Mieres. Si a todo esto le añades una infancia y una adolescencia en continuo contacto con la naturaleza, ya tienes un individuo preparado para hacer jardines. Cuando llegó el momento, estudié la especialidad de Jardinería en la Escuela de Ingeniería Técnica Agrícola de la Universidad Politécnica de Madrid, aprendí a realizar proyectos en la Escuela Castillo de Batres, y durante un verano, trabajé en un taller de riegos de Israel.

Tras todo esto, me incorporé al mercado laboral con ilusión y ganas pero descubrí que aún era pronto; en la sociedad española de los ochenta, todavía no había necesidad de “paisajistas”. Por ello, durante algunos años, trabajé como escaparatista. En ese tiempo me acostumbré a trabajar con el espacio, a dominar las tres dimensiones además de aprender todo lo que sé hoy acerca de iluminación.

¿Llevas mucho tiempo en esto y has realizado muchos proyectos?
Ejerciendo la profesión más de veinte años, aunque hay que distinguir dos etapas. En la primera trabajé como paisajista a tiempo parcial, es decir que no vivía de los jardines, pues como dije antes, era pronto para ello. Y la segunda en la que solamente hago jardines, ocupa los últimos diez o doce años.

En cuanto a proyectos, pues no sabría decirte cuántos he hecho... Muchos, muchísimos, sobre todo al comenzar esta segunda etapa, en la que hacía todo lo que caía en mis manos. Ahora ya no hago eso, soy más selectivo, elijo obras que tengan algún interés a priori, aunque a veces te llevas sorpresas.

¿A qué te refieres?
Me refiero a que a veces las expectativas se ven defraudadas. En el desarrollo de una obra te encuentras en ocasiones con clientes que imponen su voluntad sin criterio ninguno, basándose sólo en la autoridad que confiere el hecho de ser el que paga. Es sorprendente, si contratas a un profesional, ¿por qué no lo dejas trabajar libremente? Aunque, esto no quiere decir que el cliente no deba opinar, sino que el proyecto ha sido realizado teniendo en cuenta sus deseos y necesidades, después es importante interferir poco, sobre todo en los aspectos técnicos.

¿Tienes algún mentor, algún paisajista que admires?
Me considero heredero de la forma de entender la jardinería de D. José Luis Quirós, mi maestro. Además de él, admiro a muchos profesionales como el gran Russel Page, ya fallecido, que revisó la forma de hacer jardinería de los dos últimos siglos, renovándola, y Gilles Clément, que investiga nuevas formas y conceptos, sus trabajos tienen una gran profundidad, alejada de la banalidad tan frecuente entre los profesionales que solamente buscan corrección formal. Los dos son grandes creadores, originales y en ambos casos han supuesto una revolución conceptual del jardín.

¿Te sientes artista o creativo?
Creativo siempre, es inherente a la profesión, lo de artista, no soy quién para decirlo. Pienso que el ser artista no es más que el momento sublime del proceso creativo.

¿Entonces crees que la jardinería es un arte?
No, no creo que sea un arte en general, creo que puede serlo en ocasiones, cuando sale de la mente de algunos creadores geniales, y no en todas sus obras. Normalmente, y está al alcance de cualquiera el comprobarlo, la jardinería que se hace es ramplona y vulgar. Lo más frecuente, y en el mejor de los casos, nos encontramos con jardines resueltos con oficio, y esto entre los creados por profesionales.

De todas formas debo aclarar que pienso lo mismo de todas las “artes”, generalmente son oficios creativos, y muy pocas veces “arte” del de verdad, si te paras a pensar, en los grandes eventos artísticos, como Arco en Madrid, se ve sobre todo el trabajo de personas creativas, con una gran imaginación, pero yo no llamaría “arte” a cosas que solo son ingeniosas.

¿Por qué crees que es necesario recurrir a un paisajista?
Por muchas razones. Primero porque hacer un jardín duradero es un asunto muy serio, los errores que se cometan convivirán con nosotros largo tiempo, sin que el paso de los años mejore en nada esos fallos. Hacer un jardín maravilloso es tarea tan complicada que no entiendo cómo se puede dejar en manos de cualquiera para escatimar dinero. Muchas veces creo que no entiendo a la humanidad, y voy a poner un ejemplo que para mí es muy esclarecedor. En condiciones normales, una familia no se va a vivir a un chalet con jardín como primera opción, lo normal es que esto ocurra después de haber tenido una o más viviendas, es casi siempre el final de una etapa, y el mayor atractivo de ese nuevo concepto de casa, es que tiene jardín. Pero llegada la hora, para hacer el jardín no hay dinero, aunque sí para montar una estúpida sauna que nadie utilizará, o una sala de billar en una casa en la que nadie sabe jugar. En el campo de las empresas, el panorama es algo mejor, pues se considera al jardín un gasto de representación, aunque nunca debemos soñar con cobrar lo mismo que el creativo que realiza el logotipo, de la empresa en cuestión. Es descorazonador. Y luego hay que enfrentarse al intrusismo, que en esta profesión es enorme. Desde los decoradores, que llaman “arizónica” a cualquier seto, hasta los fontaneros, que creen que saben montar correctamente un riego porque lleva tuberías. Y no podemos dejar a un lado a los intrusos más frecuentes de todos, que son los jardineros o a nivel empresarial; los viveros y gardens center, que dan todos los servicios sin profesionales cualificados. ¿Por qué se considera normal encargar el diseño de un jardín a un jardinero? Mientras que a nadie se le ocurre encargarle un retrato a un pintor-empapelador, o el arreglo de una caries al vendedor de cepillos de dientes. Dejamos en el aire la pregunta.

¿Sólo tratas con particulares o también trabajas para grandes empresas? ¿Y cuál es tu cliente tipo?
La verdad es que hago proyectos indistintamente. No tengo preferencias, mi experiencia en los dos casos es igual de buena. Obra pública es quizás lo que menos hago.
En cuanto a los clientes, no se corresponden con un perfil determinado, aunque tienen en común un buen poder adquisitivo, y un cierto grado de sofisticación, en sus gustos, todo esto hablando de clientes particulares.
Si hablamos de empresas, podemos decir que suelen ser aquellas en las que la imagen corporativa es importante.

¿Tus proyectos se limitan a grandes obras o también acondicionas espacios pequeños?
Bueno, preferiblemente hago obras medianas y grandes, pero se puede hacer un buen trabajo en un espacio pequeño. La razón por la que mi trabajo se decanta hacia los espacios más extensos es económica. La jardinería a pequeña escala es, relativamente, más cara y poner un macetero con geranios te saca del apuro. Pero ahora seriamente te diré, que no hay límite en el tamaño, cualquier espacio sirve para hacer un jardín, el limite lo pone nuestra imaginación.

¿Cuál es el alcance de tu trabajo como paisajista?
Digamos que ofrezco un servicio integral. Lo hago todo, empezando por el exterior del edificio y terminando por las plantas, el riego, los movimientos de tierras, el mobiliario, la iluminación, las piscinas, los lagos, los gazebos, pavimentos, etc.


¿Crees que se puede necesitar a un paisajista cuando uno ya tiene un jardín hecho o es necesario partir siempre de cero?
Es preferible partir de cero, pero en muchas ocasiones trato jardines antiguos que hay que rehacer por el deterioro debido al paso del tiempo o los estragos de la moda, que también existe en la jardinería. Y en ocasiones debo arreglar el desastre que ha hecho el cliente o un mal profesional.

Y ahora concretando mi respuesta, te diré que sí, en todos los casos hay que llamar a un paisajista, y si en el primer momento no podemos pagarlo, porque hemos gastado todo el dinero en decorar la casa, es preferible esperar y no hacer nada hasta que tengamos presupuesto. Recordad que un jardín es una inversión para muchos años, y que si está bien hecho, mejorará con el tiempo.

¿Qué servicios ofreces a tus clientes?
Todo lo relacionado con el jardín. La idea es que desde el momento que me encargan una obra, no tengan que ocuparse de nada más hasta que se lo entrego.

Diseño el jardín al completo, con todos sus elementos, muchos de los cuales serán desarrollados por especialistas más tarde (ej. piscinas). Busco las empresas u oficios idóneos, contrato y coordino el trabajo de todos ellos, asegurándome de que se sigue al pie de la letra el proyecto original que fue aprobado por el cliente. En caso de que por circunstancias que aparezcan en la obra, haya que cambiar alguna cosa, las modificaciones se hacen siempre siguiendo el criterio y la idea original.
Busco los muebles y elementos decorativos necesarios, organizo calendarios de tratamientos fitosanitarios y mantenimientos.
Y más tarde hago un seguimiento de la evolución del jardín, me encargo de que todas las garantías se cumplan y asesoro al cliente en cuanto a dudas de mantenimiento o mejoras que se puedan ir haciendo. La verdad es que es un gran trabajo, largo y cansado en ocasiones, pero si tengo en cuenta que una abrumadora mayoría de mis clientes repiten conmigo a lo largo de los años, llamándome de nuevo, o recomendándome a sus amigos, imagino que mi trabajo gusta. Esto es muy gratificante para mí.

Para concluir, ¿podrías citar alguna obra que recuerdes con especial cariño?
Si claro muchas, pero destacaría por diferentes motivos, las que siguen:
Un trabajo de campo magnífico, que hice en los ochenta, integrado en un equipo, que realizó la catalogación y un proyecto de restauración para el parque del siglo XVIII, “Campo Grande” de Valladolid.
Un palacete que hice en el año 93 en la zona de Pedralbes de Barcelona, y que supuso la vuelta definitiva a la profesión.
Cuatro edificios con jardines y un parque público contiguo, que hice en el municipio madrileño de Coslada, y que supusieron el primer gran reto profesional al que tuve que enfrentarme, sobre todo a nivel de dirección de obra. Fue un trabajo de tres largos años.
Todas las oficinas de Unión Fenosa en Madrid, que supusieron para mi una forma nueva de hacer jardinería, con imagen de marca, y entre ellas los jardines de su sede nacional en la madrileña Av. de San Luis, obra que aún sigue abierta y de la que estoy muy orgulloso, pues me obligó a trabajar en equipo resolviendo muchos contratiempos, en colaboración con un grupo de profesionales, entre los que destacaría al arquitecto jefe, Ramón Corrochano, que tira por tierra el mito del arquitecto intratable y soberbio, tópico con el que me he encontrado muchas veces.
Algunos jardines en las colonias “el Viso” y “la Cruz del Rayo” de Madrid, donde fue necesario integrar un entorno tremendamente clásico, con un concepto de jardín moderno.
Uno de mis trabajos en la Moraleja de Madrid, en el que construí por primera vez un par de lagos y un río, con resultados muy satisfactorios.
Los jardines de un palacio del siglo XVII en Cáceres, en los que busqué hacer un jardín contemporáneo, que respetara el estilo del palacio, sin ser un decorado de Cinecitá.
Un jardín recoleto en una casona del XVI frente al mar de Asturias.
Mis dos primeras obras en la isla de Ibiza que supusieron un gran reto, dados los condicionantes del entorno, sequía, aguas salobres y alcalinas, altas temperaturas, vientos constantes, el lugar menos adecuado para hacer un jardín. Fue una experiencia magnífica y el resultado final fue muy satisfactorio.
Y por último, destacaría las que ahora tengo entre manos, que como siempre me llenan de ilusión.


¿Zona geográfica de trabajo?
Todas. He trabajado en Asturias, Barcelona, Gerona, Cáceres, Valladolid, Málaga, Ibiza, Menorca, Alicante, Cantabria, Madrid, y probablemente algunas que ahora no recuerdo. Una de las cosas buenas de esta profesión es que te permite trabajar en cualquier sitio, y es apasionante, un entorno nuevo, condicionantes diferentes, nuevos retos.




Jaime Juanes.
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